auto-plegaria

ya no te quiero más oh señor,
mi divino martirio terminó.
encontré la luz,
y no era tuya señor
y la velita de mi cuarto la apagué.

ahora lleno de placer
ese hueco que en mi alma
cavaron tus pecados
y me regocijo con mi amor,
porque me encontré a mí, señor
y era a mí a quién buscaba.

gracias, soy libre.
tomado de mi mano, nada me falta.

despedí al pastor,
y deje libres las ovejas.

meta

algunas veces no estoy.

los árboles pasan
imitando asombro de pasado
y no los veo,
la memoria de una boca se me acerca
y acto seguido se va,
me separa una distancia infinita
de mi asiento
y de mi centro
y me veo sin verme,
disgregado en el espacio,
incapaz de combinar mi intención
con cualquier cosa.

regurgitar

dormida,
me cautivaba aquel silencio
que en ella,
contrastaba dramático
su continuo regurgitar
sucesos pasados en la vigilia.

parece que a veces
la propia belleza se evidencia
cuando nos olvidamos
de nosotros mismos.